viernes, 23 de julio de 2010

Complejo de Inferioridad vs Complejo de Superioridad

Por más trillada, gastada, tediosa y hasta ridícula que parezca la frase, no deja de tener razón: Los extremos son malos, el equilibrio está en el centro.

Los paraguayos sí que somos extremistas, nos gusta estar en el borde, hasta pasarlo a veces. De lo que no nos damos cuenta es que, inconscientemente, nos estamos dañando entre propios compatriotas.

¿A dónde quiero llegar con esto? No resulta nada extraño ver arribar a un extranjero a nuestro país y que en un corto lapso este se ingenie para trabajar, progresar y sobresalir en el ámbito que fuese. Los paraguayos, que somos tan cordiales con el “amigo extranjero” le brindamos todas las posibilidades, pues pensamos “es mejor que nosotros” ¿Y por qué? ¿Por qué lleva en el pecho una bandera distinta a la nuestra?

Caminamos con la cabeza en la tierra, no miramos a los ojos. Si nos hablan con una velocidad, tono distinto, en perfecta armonía y coherencia de palabras ya nos amilanamos. He allí nuestro complejo de inferioridad.

Pero ojo, no estoy en contra de ningún extranjero, es más, admiro a los bolivianos, coreanos, uruguayos, argentinos, que llegan al país, montan un negocio arriesgando todo y con el esfuerzo diario logran salir adelante. Por eso me gusta identificar las personas sólo como personas y no por la casualidad o circunstancia de haber nacido en un pedazo de tierra bajo determinada bandera. Personas buenas, malas hay y habrá en todos los rincones del mundo.

Sin embargo, si la inferioridad del paraguayo es mala, peor aún resulta a veces la superioridad. Sí, esa soberbia que demostramos frente a los nuestros, frente a mismos paraguayos, aquella virtud que frente a foráneos es inferioridad, se transforma en superioridad, inflando el pecho cuando nos enfrentamos a un paisano.

Está muy bien valorarse, tener autoestima, confianza y ganas de superarse. Lo nocivo es cuando utilizamos frases como “¿Quién o qué lo que se cree ese?” “Moo pio nde inútil?” “Yo soy mejor que ese pero su papá tiene más plata” entre otras excusas del peor que se cree mejor.

Es simpática la mala utilización de la superioridad. Al compatriota sacrificado le cortamos las alas, en vez de ayudarlo a progresar. Justamente, todas esas herramientas que brindamos a los extranjeros, las escondimos para los paraguayos. No les damos las misma oportunidades. Todo por ser un paraguayito y si es del interior del país mucho menos chances tiene. Cuando tal vez lo único que necesitaba era que alguien CREA EN ÉL.

Ese es otro problema de nunca acabar. Estoy cansado de escuchar entre propios compatriotas “Que indio es/sos” “Nde campesino/campañero” “Moopio nde indígena” entre otros improperios paraguayofóbicos, porque otro término no se me ocurre. Como si fuera que el 95% de la población paraguaya es descendiente de galos puros, sicilianos o tal vez teutones. Y es justamente en el interior del país donde en verdad se demuestra la cordialidad, generosidad, esfuerzo y cariño del pueblo paraguayo.

No tenemos suficiente con los problemas que vivimos a diario para que entre propios hermanos nos ataquemos. ¡Y menos mal viene el día de la amistad! En el país donde dicen se inventó dicha celebración, ¡que ironía!

No obstante, como en todo ámbito, no se debe generalizar. Hay personas muy buenas, capaces, gente adinerada y a la vez humilde. Gente que ayuda a los demás sin pedir nada a cambio. Personas altruistas o al menos cerca de dedicarse a la filantropía.

Por ese tipo de individuos, aún sigo creyendo en Paraguay, y más aún cuando el bello futuro depende de la mayoría poblacional del país: Los jóvenes.

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