
Que paradójico ¿no? Pleno siglo XXI, hombres adultos y todavía jugando a las escondidas o al gato y al ratón. Al parecer el hecho de portar un fusil M16A2 no es suficiente para que los bravos soldados paraguayos encuentren a un grupo de delincuentes escondidos en la espesa selva guaraní.
Esta particularidad me remonta a los relatos fantásticos de Alejandro Dumas, o para no ir tan lejos, a los cuentos de la abuela cuando todavía ni tenía cinco años. El héroe, siempre torpe y despreocupado, de alguna u otra forma se las ingeniaba para vencer a su némesis y rescatar a su amada. En este caso, ¿quién sería la amada? ¿Rafael Filizzola?; ¿Fernando Lugo? o ¿López Perito quizás? Por más de que sus dotes principescos nos confundan, ninguno de ellos.
La amada, nada más y nada menos, es aquella que se fue de farra hace ya mucho tiempo: La Doña Seguridad. Esta mujer divertida que se escapa de noche y se va a beber alcohol con los amigos de lo ajeno y a escuchar unas buenas músicas tropicales por los "balnearios".
Que ironía, se pasó de largo la época del "beeper", el celular "ladrillo" y los mensajes de voz. Quiere ser rescatada cuando el facebook y twitter marcan el rumbo de la comunicación. Ni aún así, "Ña Segu" puede ser ubicada.
No es novedad saber que en el norte de la República del Paraguay, el territorio no es liberado, como dicen algunos, es gratuito!!!
Cualquier mafioso, que se esconda tras la imagen de una concesionaria; un estudio jurídico humilde(pero con suntuosos terrenos adquiridos de forma espuria); un empresario (de personas, muchas de ellas menores y mujeres); y otros tantos oficios transparentes (en la luz brillante de la mañana), es capaz de poner sus dedos en el tan lucrativo negocio del narcotráfico.
Aquí la marihuana no crece, florece en todo su esplendor. Y los peces gordos la defienden sacando vidas cada semana. A veces sólo guerras entre carteles y otras, hasta matando a gente inocente que sólo caminaba por las veredas de Pedro Juan Caballero. Tal vez esta gente se iba a comprar pan para sus hijos cuando un proyectil con aroma a yerba le arrebató la vida, tan sólo por estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Pero este proyectil no decía "cuidado" a su paso. Decía: "obrigado pelo presente" (gracias por el regalo).
Gracias por el regalo de cultivar en sus tierras, gracias por la oportunidad de hacernos millonarios y llevar las ganancias a Río de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia.
Gracias hermanos paraguayos, en agradecimiento les daremos la chance de viajar a Camboriu por una semana y comprar nuestras cosas.
Cosas que, la mayoría de las veces, cuestan el doble y además la calidad es muy inferior.
Pero claro, nuestra cultura nos obliga a comprar mercancías brasileñas pintadas con una sonrisa, a respetar sus leyes, tránsito y a tirar la basura en los contenedores de la peatonal. Que gracioso, totalmente lo opuesto a lo que hacemos aquí en nuestra sufrida tierra. Pero esa es otra historia.
Seguramente los lectores no paraguayos o los que están afuera hace tiempo no tienen idea de lo que estoy hablando.
Digamos que es una rápida compilación de problemas internos. Algunos entraron en escena hace 2 años (cuando una alianza derrocó a un poderoso partido que estaba en el poder más de 60 años), y otros los acarreamos desde hace un largo tiempo.
Nuevos personajes aparecen en la novela: una organización denominada EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo), motochorros y polibandis (más hambrientos) se suman a los antiguos protagonistas.
El EPP intenta imitar a las FARC. Con secuestros, hurtos y robos a mismísimos cuarteles militares trata de poner en zozobra al flamante gobierno. Esta guerrilla se merece un aplauso, porque lo consigue. No se sabe cómo, pero lo hace.
Tan bien trabaja que es capaz de "desaparecer" ante el rastreo de las fuerzas castrenses. Ya va aguantando varias semanas desde que se decretó el Estado de Excepción en 5 departamentos de la República.
Sin dudas el EPP se ha convertido en el nuevo integrante del elenco artístico. Y se suma a los diversos malestares de los que nos venimos quejando hace mucho tiempo.
El problema aquí queridos compatriotas, es que soñamos mucho. Soñamos demasiado. Esperamos aquel gobierno transparente sin color ni aficiones. Aquel gobernante culto, correcto, casado con hijos si es posible y que erradique todos los males en una semana. Estamos planteando una utopía.
¿Y qué hacemos nosotros para colaborar? Votar cada cinco años y pelearnos con las viejas seccionaleras no son actividades suficientes para querer quitarnos los rótulos de tercer mundo (porque sexto felizmente no existe), país en eterna vía de desarrollo y hermanito pobre de Argentina y Brasil.
Pero bien que cuando jugamos al fútbol somos los más poderosos del mundo. En esa ocasión sí que nos vamos a cantar con todas nuestras energías y somos capaces de morir en el terreno de juego y pintar nuestros cajones de rojo y blanco.
Sin embargo, una cosa es cierta, nos jodieron. Y más de una vez desgraciadamente.
No pedimos señor presidente Fernando Lugo que dejes tus prácticas preferidas, como el voley, pasearse en la Harley y beber té con hermosas señoritas.
Te pedimos compromiso serio con el país que te eligió aquel 20 de abril de 2008, fecha que repetís más que tus propuestas de gobierno. Y te pedimos también que no nos tomes como boludos. No hace falta ser muy inteligente para saber que conocés mucho. Sos una persona de pueblo, de campo (Y además obispo, no sólo sacerdote). Tantos viajes a San Pedro (otro lugar bien liberado) te habrán servido al menos para observar de reojo la situación. Para preguntar que negocio es aquel y como se llama el carpintero de la zona. ¿O sólo te fuiste a tomar tereré con Pakova Ledesma?
No soñamos con que la violencia desaparezca de un día para otro y que los corruptos salgan del senado por arte de magia.
Exigimos credibilidad, que se divulguen los secretos. Que se dé vía libre a las Fuerzas Armadas para actuar en verdad y no colocar el Estado de Excepción como mera frase diplomática.
Y por último Don Fernando, no utilices frasecitas propias de un niño de 10 años, como la que pronunciaste hace pocos días ante el incidente de Hugua Ñandu (Militares y policías se tirotearon entre sí): "No sabía". Se parece tanto a la historia de los nenes cuando rompen un vaso y dicen: "Yo no fui".
Menos mal que eras el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación y estabas enterado de lo que hacían tus subordinados. Menos mal, no quiero saber que hubieras dicho si estabas en Acapulco tomando sol con una ex reina de belleza nacional.